Snowden se puso en contacto con Greenwald a finales de 2012 de forma anónima, bajo el seudónimo de «Cincinnatus». Explicó que tenía documentos de gran repercusión, pero exigió que Greenwald utilizara correos electrónicos cifrados (PGP) para comunicarse.
Como a Greenwald le parecía demasiado complicado el cifrado y tenía otros plazos que cumplir, ignoró el contacto durante meses. Solo cuando intervino la documentalista Laura Poitras, a quien Snowden también había contactado, se estableció la conexión.